En setiembre del 1950 debuta a San Francisco con "Aida". Rudol Bing, director del Metropolitan Opera House de New York, le ofrece 350 dòlares a la semana para llevarlo al Metropolitan. Del Monaco le responde "vamos con una condiciòn, de regreso a San Francisco me detengo a New York, y le canto un acto di Manon Lescaut, gratis, como huésped, si el pùblico y la crìtica son favorables, usted me harà un contrato para el pròximo año, pero no a semana, sino a actuaciòn". El recibimiento del pùblico y de la prensa es entusiasmante, y Del Monaco obtiene un contrato por dos años, veinticuatro actuaciones garantidas y la inauguraciòn de la temporada 1951/52 con "Aida". Al Metropolitan permanecerà nueve años e inaugurarà cuatro temporadas, dos "Aida" con Milanov, "Norma" con Maria Calas en el 1957 y "Tosca" con Renata Tebaldi, en el 1959. En el 1955 pone en escena Andrea Chènier, que no se presentaba al Metropolitan desde hacìa veintisiete anos. Dal 1950 al 1960 Del Monaco se alternarà en la inauguraciòn del Metropolitan y de la Scala, que abrirà en el 1953 con "La Wally", en el 1956 con "Norma" y en el 1959 con "Otello". A la arena de Verona canta del 1946 al 1955, aclamadìsimo en "Aida", "La Cavalleria Rusticana", "La Gioconda", "Carmen", "Otello", "La Forza del Destino", "Il Trovatore" y "Andrea Chènier", estas ùltimas tres en veinte dìas en el transcurso de una temporada.
En el 1955 el Ente Arena, lo premia con un reconocimiento, La Arena de Oro por su magistral interpretaciòn de "Otello". Mantova lo premia con el Orfeo de Oro. Y asì los triunfos se suceden en continuaciòn. También al exterior el gran tenor tiene modo de poner en escena su excepcional voz, en el transcurso de una extraordinaria carrera que se desarrollò en los mayores teatros del mundo. Entre la cantidad de episodios relevantes, son de recordar dos:
El primero sucede en el 1958 al tiempo que el emperador del Japòn transgrede por primera vez la rìgida etiqueta de la corte, asistiendo al "Otello" actuado a Tokio por Del Monaco.

Del Monaco con el hermano del emperador del Japòn

 

 

Moscù 1959, después de la actuaciòn de "Carmen" al Teatro Bolshoi, Mario regresa al Hotel Nacional, ubicado frente a la Plaza Rossa, escoltado de veinte policìas, cuando la muchedumbre que lo esperaba lo llama enfervorizada, Mario sale al balcòn, y èsta exaltada grita: "Viva la Italia", a este punto emocionado les canta "O sole mìo".Durante la tournèe viene ademàs condecorado con la Orden Academia de Lenin y el Director del Teatro Bolsoi dice: Este honor, es Usted, el ùnico extranjero al mundo que lo ha obtenido con solo cuatro actuaciones, yo he esperado veinticinco años!"
Belgrado 1960, Noche de Gala con "Otello" en presencia del Mariscal Tito. Existe una gran tensiòn entre Italia y Jugoslavia. El Embajador Berio teléfona a Del Monaco : "Mañana, después del espectàculo ofrecerò un recibimiento en la nueva Embajada. No he podido nunca haber huéspedes, todos los Ministros Jugoslavos, se han alejado. Desearìa obtener un poco de serenidad; Venga! Estoy seguro que la admiraciòn que tienen por Usted, les harà aceptar la invitaciòn. Como Berio esperaba todos los Ministros participaron a la invitaciòn y el Embajador declara a la prensa: "Por mérito de Del Monaco se produjo el deshielo. El mariscal Tito lo invita a Brioni y le otorga el Gran Honor Oficial de la Bandera Jugoslava.
  El presidente de la Repùblica Jugoslava Mariscal Tito y demàs autoridades felicitan a Del Monaco después de la noche de gala con "Otello".

El segundo acade en el 1962 cuando la Reina Madre de Inglaterra invitò al tenor a permanecer con ella en el Palco Real durante el intervalo entre el primer y segundo acto del "Otello", para beber una copa de champagne con ella y recibir asì sus felicitaciones.

La Reina Madre de Inglaterra

 

El gobierno italiano, en reconocimiento a sus méritos artìsticos le concede en dos ocasiones la Medalla de Oro al Valor Cultural. Del Ministerio de Cultura Francés viene nombrado Oficial del Orden de las Artes y las Letras. Su actividad no conoce pausa, hasta el 1963, pasando de los grandes teatros italianos a Alemania, de Francia a Portugal, de Espana a la América y al Japòn.
El 13 de diciembre de 1963 un accidente de auto a Roma, lo inmobiliza por ocho meses y le impide de retornar a la Scala, donde a mayo de 1964 debìa cantar "Rienzi" de Wagner. A pesar de esto en agosto de 1964, regresa en escena con "Tosca" a Torre del Lago, después pasa al Teatro Griego de Siracusa con "Carmen" y a Luca con "Otello". De todos modos un hecho lo disgustaba, el no haber podido aceptar la tan ambicionada invitaciòn de Wieland Wagner, que le habìa telefonado después de haberlo escuchado a la Scala en el Lohengrin, ya que habìa firmado precedentemente un contrato en América del Sur.
En el 1968/69, Budapest lo acoge triunfante con "Otello" y "Sansone y Dalila" y lo declara el màs grande tenor de todos los tiempos. Con toda la companìa del teatro San Carlos de Nàpoles regresa por ùltima vez a Brasil, y realiza nuevamente "Otello". La crìtica aclama: "Un tenor dramàtico excepcional que el paso del tiempo no ha podido detener". Serà Bruselas a escuchar su ùltima gran interpretaciòn di "Otello", el màs fantàstico intérprete de esta òpera, después de la creaciòn del personaje. La crìtica lo saluda como "el ùltimo monstruo sagrado de la lìrica".
En el 1972 regresa al San Carlos de Nàpoles y pone en escena "Stiffelio" del cual realiza una personalìsima creaciòn. En el 1973 después de 17 años de ausencia, regresa a Viena al Staatsopera con "I Pagliacci", donde el pùblico delirante reclama su apariciòn 17 veces. A Parìs, igualmente, después de 13 años realiza un ùnico recital a la Salle Pleyel, al abrir la boleteria, la sala se agota en pocas horas y una muchedumbre se agolpa igualmente a las puertas esperando poder obtener todavìa, una entrada o ingresar de todas maneras.
Trece años màs tarde la vieja sala parisina vibra intensamente y reserva a Mario, algo màs que un triunfo, un homenaje al gran artista.
De nuevo en Italia, en el 1974 a Torre del Lago per la conmemoraciòn de la morte de Puccini, interpreta magistralmente"Luigi nel Tabarro" y después regresa a Viena con "I Pagliacci". Desde Viena se traslada a Parìs y presenta en el programa televisivo "Le Grand Echiquir". Esta programaciòn provoca gran emociòn entre los telespectadores franceses, a tal punto de empeñar a la Direcciòn del Primer Canal de la televisiòn francesa, en la creaciòn de un programa con la difusiòn continua de conciertos de òpera.
Serà en marzo del 1975 que, llamado del San Carlos de Nàpoles y del Teatro Massimo de Palermo, por "I Pagliacci" aceptarà de cantar en estos teatros, once actuaciones en veinte dìas, dando asì prueba a 60 años de una vocalidad todavìa joven y extraordinariamente fresca. Con estas actuaciones, dà su adiòs al escenario, dejando un vacìo incolmable y un recuerdo inolvidable.
No resignados del gran retiro, los Estados Unidos de América deseaban tenerlo y escucharlo por ùltima vez. Asì el Metropolitan Opera House lo llama en el mes de mayo para dos actuaciones de "I Pagliacci" y también el Opera de San Francisco, pero la decisiòn tomada por Del Monaco es irrevocable, NO!.
En el 1975, a Milàn acepta de grabar un ùltimo disco de melodìas napolitanas, orquestadas en estilo moderno, una novedad para un cantante lìrico.
El cine italiano lo habìa empenado en varios films y la Metro Goldwin Mayer, durante su estadìa en América, habìa conducido tratativas para que aceptase de rodar "El Principe Estudiante" en lugar de Mario Lanza. Para poder hacer esto, deberìa haber dejado la lìrica por meses y no hubiera sido fàcil anular los contratos con la Scala, el Metropolitan y el Sud América.
En realidad, Del Monaco tenìa solo una gran pasiòn, el teatro, al que dedicò juventud, vida y salud. El cine y Las Vegas le habìan ofrecido ganacias fabulosas, las casas discogràficas concurrentes se lo disputaban sin discutir los pedidos del artista, pero la seriedad profesional le impidiò siempre de hacer de su carrera un comercio.
Dedicò tanto a la discografìa, grabando veinte piezas con la EMI a Milàn, desde el 1952 al 1972 grabò en exclusiva para la Decca de Londres 26 piezas ìntegras e innumerables recitales de òperas y canciones, que permaneceràn como testimonianza inmortal de su gran e insuperable carrera artìstica, que pudo ser asi gloriosa porque Mario perseverò, sea como hombre sea como artista, por la via que se habìa trachado, con obstinaciòn.

Mario del Monaco supo hacer tesoro de sus qualidades de hombre, en el verdadero sentido de la palabra y por esto el pùblico, el juez supremo, como lo llamaba Verdi, viò siempre en él la encarnaciòn del héroe lìrico altamente dramàtico, capaz, por la sinceridad de su arte, de alcanzar la fibra màs sensible del ser humano: EL CORAZON.